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Crónicas y Poesías de Organilleras y 
Organilleros del Mundo

folio 1

 

  Organillera de El Rastro - Madrid

Organillera de "El Rastro" de Madrid
Emblema del Sitio

Es seguramente la más antigua y tradicional de su oficio.

Es posible encontrarla todos los domingos en las inmediaciones de la "Ribera de Curtidores" y la calle "Mira el Sol", con su piano a cilindro Faventia, fabricado por Vicente Llinares en Barcelona. Este pequeño instrumento cuenta en cada cilindro con 6 melodías de muy corta duración.

 

HOMEPAGE 

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folio3 

 

Evaristo Carriego

Evaristo Carriego - Escritor y periodista argentino
7/5/1883 - 13/10/1912

Es su obra un canto constante a las cosas pequeñas y cotidianas, dichas con la grandeza de su pluma. Es el gran poeta del barrio y su acontecer.

Su corta vida transcurrió en la época de oro del organito callejero, al que dio protagonismo junto al organillero en varias de sus poesías. Se refería al mismo como organillo, apegado al vocabulario mas castizo.

 

POESIAS de Evaristo Carriego

 

Has vuelto

Has vuelto, organillo. En la acera
hay risas. Has vuelto llorón y cansado
como antes.
El ciego te espera
las más de las noches sentado
a la puerta. Calla y escucha. Borrosas
memorias de cosas lejanas
evoca en silencio, de cosas
de cuando sus ojos tenían mañanas,
de cuando era joven... la novia... ¡quién sabe!
Alegrías, penas,
vividas en horas distantes. ¡Qué suave
se le pone el rostro cada vez que suenas
algún aire antiguo! ¡Recuerda y suspira!
Has vuelto, organillo. La gente
modesta te mira
pasar, melancólicamente.
Pianito que cruzas la calle cansado
moliendo el eterno
familiar motivo que el año pasado
gemía a la luna de invierno:
con tu voz gangosa dirás en la esquina
la canción ingenua, la de siempre, acaso
esa preferida de nuestra vecina
la costurerita que dio aquel mal paso.
Y luego de un valse te irás como una
tristeza que cruza la calle desierta,
y habrá quien se quede mirando la luna
desde alguna puerta.

¡Adiós alma nuestra! parece
que dicen las gentes en cuanto te alejas.
¡Pianito del dulce motivo que mece
memorias queridas y viejas!
Anoche, después que te fuiste,
cuando todo el barrio volvía al sosiego
-qué triste-
lloraban los ojos del ciego.